Ézá’r o chichimeca jonaz

Los ézá’r o chichimeca jonaz

El término chichimeca (< náhuatl) ha tenido varias acepciones a lo largo de la historia, durante el siglo XIII hacía referencia a los grupos cazadores recolectores comandados por Xólotl que llegaron al Altiplano Central y se emparentaron con los descendientes de Tula, dando origen a la tradición tolteca-chichimeca. Tras la llegada de los españoles en el siglo XVI, esta palabra se generalizó para denominar a todos los grupos nómadas de la Gran Chichimeca, que se extendía de Querétaro (México), hasta Nuevo México (Estados Unidos). Conforme fue avanzando la colonización de la tierra adentro, fue necesario identificar a los distintos grupos, por lo que se les agregaba un segundo nombre, como es el caso de los chichimeca jonaz. En la tradición oral encontramos que este mote se lo ganaron por que huían a los montes para no escuchar el mensaje del Dios cristiano, como lo hizo el profeta Jonás.

Figura 1. Kareherh. Danzante. (A.G.G. 2010)

Los chichimeca jonaz se auto-denominan ézá’r (plural) y úzá’ (singular). Esta palabra generalmente se traduce como ‘hablante de úzá’’ (figura 1). Su lengua filogenéticamente pertenece al grupo pameano de la familia otopame, que es la más septentrional del tronco otomangue.

La lengua úzá’ se habla únicamente en la comunidad de Misión de Chichimecas o Ránzo úzá’, municipio de San Luis de la Paz, Guanajuato. Por lo que se le considera en peligro de extinción. Según el conteo de la propia comunidad hay alrededor de 2,500 hablantes de úzá’, el censo del año 2000 reportó 2,641, pero Manuel Martínez (2015: Éza’r. Chichimeca jonaz, pp. 19-20), afirma que en la comunidad sólo viven 2,085 ézá’r (figura 2).

Figura 2. Mapa de Ránzo úzá’

Se trata de una lengua supletiva, con una rica fonología, manifiesta en series de segmentos vocálicos orales, nasales y laringizados, y consonánticos glotalizados, aspirados y nasalizados (figura 3). Así como el uso de diferencias tonales léxicas y gramaticales (posee dos tonos de nivel: alto y bajo). Probablemente estas características hicieron la lengua escurridiza para los misioneros lingüistas y fueran la causa de que sólo se escribiera un vocabulario de 122 palabras en la época colonial (Fray Guadalupe Soriano, 1766: Doctrina Christiana).

(a) p t ts k kw Ɂ (b) i y u
β ɾ ɣ ɣw e o
ph th kh kwh æ a
pɁ tɁ tsɁ Ɂ kɁ
s h (c) ĩ ũ
z õ
m n æ̃ ã
β̰ ɾ̰
r (d)
(l)
æ̤

Figura 3. Fonemas de la lengua úzá’

La principal estudiosa de esta lengua es Yolanda Lastra (2016: Chichimeco de Misión de Chichimecas). Glenda Lizárraga (2018) escribió la Morfología verbal de persona y número; y Francisco Hernández (2016) sobre Alternancias de las raíces verbales. En relación a la fonología contamos con el excelente trabajo de Esther Herrera (2009: Formas sonoras: mapa fónico), y sobre el diseño de su ortografía está el de Alonso Guerrero (2014: “La escrituración del chichimeca jonaz”). Las primeras narraciones escritas en esta lengua son las de Jorge Angulo (1932: “The chichimeco language”), trabajo retomado por Jaques Soustelle (1937: La familia otomí-pame), luego están los textos de Harold y Wilhelmine Driver (1963: Ethnogrphy and aculturation of the chichimeca-jonaz) y los recientemente publicados por Lastra (2018: Textos chichimecos. Bosquejo gramatical, léxico y notas históricas).

Alonso Guerrero Galván

Profesor Investigador Titular C de la

Dirección de Lingüística del INAH